jueves, 10 de enero de 2013

BALANCEAR AL CABALLO ENTRE EQUILIBRIOS OPUESTOS.- 2ª PARTE

En el trabajo anterior, explicaba las bases del ejercicio y detallaba su ejecución al paso.



Hoy abundaré en los detalles iré haciendo alguna aclaración más, -imposible todas-, y desarrollaré el trabajo al trote y al galope.


La primera aclaración, sobre el largo de riendas. Nos creemos que cediendo un palmo las riendas ya es suficiente. Para nosotros suele ser lo más cómodo, pero para el caballo en absoluto. Hay que tomar conciencia que, de una posición alta de la cara del caballo –con perfil por delante de la vertical-, a una posición baja con el cuello bien estirado –y también el perfil cerca de la vertical-, sólo es posible pasar si alargamos las riendas en torno al medio metro, lo cual es más del doble de un palmo. Y este cambio de largo es el que necesita el caballo para hacer el ejercicio correctamente y no practicar el encapotamiento sistemático (el roll kur europeo). Quede claro que lo primero es habituar a nuestro brazo a ejercitar este cambio de largo de riendas.




                        
                        

Al trote y al galope, donde la secuencia de los trancos es más rápida, los gestos de alargar y acortar también deben ser más rápidos para no desfasarse del caballo; dicho de otro modo, que la coordinación de movimientos de jinete/amazona-caballo, sea la correcta en todo momento. Lo mismo ocurre con el asiento: hay que evitar en los primeros trancos de la transición el dar culadas; concentración y aductores (ojo con no confundir con los abductores. A caballo, los verdaderamente importantes, son los aductores).






Otra aclaración: las referencias que hago a la nuca. No es que considere que la nuca sea la articulación más importante del balancín cuello-cabeza del caballo, sino que es la mejor referencia visual que tenemos de la cabeza del caballo: su nuca es lo que tenemos más a la vista. Insisto: las tres articulaciones verdaderamente importantes que estamos manejando con nuestras manos continuamente son: mandíbula, nuca y base del cuello. Son como los líquidos del motor de un coche, todos son necesarios, y en su justa medida. Para este trabajo, el ver que la nuca es el punto más alto del cuello, es una referencia que no nos equivoca nunca.

También en el artículo anterior he pretendido dejar bien claro que cambios bruscos de equilibrio no quiere decir pasar de una posición desequilibrada a otra equilibrada, sino pasar de un equilibrio adelantado a otro mucho más retrasado. Un atleta, saltador de altura, nunca da una zancada en la que pierda el equilibrio. En cambio, el velocista, necesita perder un momento el equilibrio para poder dar la zancada más amplia.

Volviendo al caballo, sí que es normal que, en los primeros compases de este ejercicio, notemos que busca dejarse caer sobre nuestras manos. Hay que repetirle unas cuantas veces –incluso siendo un poco bruscos con la mano- hasta dejárselo claro, que no las subimos para que se apoye más en ellas sino para que suba la nuca, o sea, el balancín cuello-cabeza. De aquí la importancia de que su cara nunca se quede por detrás de la vertical. Si al sentir el caballo nuestra mano lo primero que hace es cerrar mínimamente la nuca, cuanto más subamos las manos, más se encapotará tirando hacia abajo en lugar de subir la cabeza. Conclusión: hay que evitar que lo primero sea cerrar la nuca.

Esta aclaración me lleva, también, a dejar clara la noción de contacto. Distinguir entre contacto y apoyo es más fácil de lo que parece: sólo se necesita concentración para habituarnos a discernir ambas sensaciones (y la habituación es un problema de repetición; ni mas ni menos). Contacto es cuando no tenemos sensación de aguantar al caballo y, con la misma tensión de riendas –o con un cambio mínimo acompañando el cambio de ángulo de las riendas-, somos capaces de hacerle pasar de una posición a otra. (Esto lo recomiendo también para los giros: no es un problema de tirar sino de que el caballo avance y cambiar el ángulo de las riendas, en este caso según el plano horizontal).

Apoyo es cuando hay sensación de aguantar al caballo, aunque sea medio segundo, sobre todo en los primeros trancos del cambio. Otra cosa es que nos acostumbremos a convivir con ese apoyo porque no sepamos cómo evitarlo. Así pues, con el apoyo, nosotros aguantamos al caballo, y con el contacto hacemos que el caballo se aguante a sí mismo: nuestra mano no hace de quinta pata. Con contacto, nos manejamos a caballo como si fuéramos una pareja de baile perfecta.





ALARGAR Y ACORTAR EL TROTE

Es más correcto que poner: acortar y alargar el trote. ¿Razón? Un músculo se acorta en relación a lo que se alargue previamente. Además la reunión del caballo –a la que aspiramos todos-, es un acortar de atrás (dorso que sube y pies que entran) y un redondear y elevar de delante (cuello más cerca de la vertical, perfil superior convexo –desde la cruz-, e inferior cóncavo). En definitiva, concentración. Y el paso previo y necesario: estiramientos. Lamentablemente, es muy humano dejar a mitad estirado de lo que realmente necesita el caballo.

    Si el ejercicio al paso se ha hecho bien, pocas repeticiones necesita el caballo para hacerlo bien al trote. Incluso al alargar, muy pronto aprende a no correr pero sí amplía el tranco porque los pies han aprendido a entrar y a aguantarse más sobre ellos.

El trote, al contrario que el paso y galope –éstos son aires basculantes-, es un aire saltado, por lo que el caballo utiliza algunos músculos distintos – los antigravitatorios, los que hacen que dé saltitos-. Estos músculos, que en el trote trabajan más, hacen que el rendimiento del galope sobre todo, sea mayor. Por eso se dice que el trote es el aire que más muscula, lo cual es verdad sólo a medias. Hoy en día sabemos que, cuanto más lento es un aire, más se entrenan los músculos que, lógicamente, desarrollan la componente vertical de cualquier aire. Requisito necesario en la doma y en el salto.

Cuando el ejercicio se hace bien, y se respetan sus fases –sobre todo los primeros trancos de la transición-, pronto se hace notar una sensación maravillosa: al dejarle estirar el cuello e incitarle a que alargue, o amplíe, el tranco, notamos en nuestro culo el empuje del caballo; prácticamente, sin necesidad de utilizar la pierna. Es la consecuencia normal de una buena compresión; y también el comienzo de la verdadera impulsión: deseo constante de ir hacia delante. Esta sensación ya empieza a hacerse notar en el paso.

    A partir del trote, es muy importante que los alargamientos sean bastante mayores que los acortamientos, en cuanto al número de trancos. ¿Hasta dónde hay que acortar? Hasta que notemos que el caballo se aguanta sólo, con un contacto mano-boca mínimo y sin necesidad de ayudarle con la pierna para avanzar: Es el momento ideal para dejarle estirarse a tope. Recuerdo que esto para el caballo es un alivio y la mejor recompensa posible, y para nosotros debe ser la confirmación de que la reunión que se le ha pedido ha sido correcta.





ALARGAR Y ACORTAR EL GALOPE

Misma secuencia que en los aires anteriores.

A este aire añado dos variantes:

1ª Al ser un aire asimétrico (el bípedo lateral interior siempre va por delante del bípedo lateral exterior), al acortar el galope llega un momento en que se cae al trote porque no es capaz de aguantarse. Normalmente siempre suele hacerlo en el mismo nivel de acortamiento. Y hay que enseñarle al caballo a que se aguante al galope –por corto que sea- mientras no se le ordene lo contrario. Este es un problema muy común en caballos de salto: no son capaces de aguantarse a un galope muy reunido. Y resulta que, hoy en día, el nivel de reunión que necesita el caballo de salto es tan exigente como el de un caballo de Alta Escuela.

  Una vez el caballo domina el alargar y acortar el galope, el siguiente paso es contar el número de trancos entre dos puntos de referencia de la pista y que sean los mismos todos los días. Yo normalmente utilizo de referencias dos aspersores fijos de los laterales de la pista, y que estén separados entre 25 y 40 metros. Y cuento los trancos que soy capaz de dar. Como siempre, respetando la progresión: la primera vez cuento los que da cómodamente, y le voy exigiendo poco a poco. Siempre exigiendo un poco más pero nunca forzando ni llegar a la pelea. Hasta dar, con el tiempo que haga falta, trancos de metro y medio aguantándose el caballo a sí mismo; diciéndole sólo cómo quiero que vaya

  2ª Es muy normal que el caballo se tuerza un poco al exigirle la reunión. La manera más fácil de corregir los fallos de rectitud es hacer un pasillo de unos 12/15 metros de largo con barras de salto de obstáculos. El ancho, se empieza por poco más de un metro y se estrecha hasta los 80 centímetros aproximadamente. Pronto empieza el caballo a habituarse al pasillo. Y cuando empezamos a pedirle que acorte dentro del pasillo, las primeras veces es normal oír golpear una de las barras con un pie: señal de que se torcía. A las pocas repeticiones, se acabaron los golpes a las barras.

Este pasillo es también buenísimo delante de un obstáculo para enseñarle al caballo a ir recto. No les queda más remedio que empujar con los dos pies por igual, con lo cual el salto será mucho más eficaz que el del mismo caballo desigualando sus pies en la batida. Es tan breve ese tiempo, que no somos conscientes de lo que pasa. Sí que nos enteramos de la consecuencia: que el caballo se “alivia” hacia un lado porque no es capaz de saltar recto.


Por Jose Manuel Sales Pons

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